Un chip en la retina, primer paso hacia la visión artificial

Noticias | 1 Enero , 2014

No recuperan más que una pequeña parte de la visión, pero cuando se han pasado muchos años en la oscuridad, vislumbrar la silueta de las personas y no tropezar con los árboles al caminar es como empezar una nueva vida. Eso es lo que le ha sucedido a la sevillana Aurora Castillo, la primera mujer que recibe en España un implante electrónico para suplir las funciones de las células dañadas por la retinitis pigmentaria, una grave enfermedad que a día de hoy no tiene curación efectiva. Como Castillo, que ha sido tratada en la Clínica Oftalmológica Barraquer de Barcelona, ya hay unas 30 personas en todo el mundo que llevan el prototipo de ojo biónico Argus II. «Es increíble, pero yo veo con los ojos cerrados», comenta la paciente cuatro meses después de la operación.

Castillo, que tiene 42 años, se encuentra en proceso de adaptación con la ayuda de un monitor de la ONCE -necesita tiempo de entrenamiento para aprender a ver- y sigue además un programa de revisiones en la clínica Barraquer que confirma que la evolución es satisfactoria. «Es esencial que el paciente tenga claro cuáles son las expectativas», insiste Jeroni Nadal, especialista en oftalmología de vítreo-retina que encabezó la operación del implante. «A algunos quizá les parece poco, pero si nos ponemos en la mente de una persona que no ve nada, que no tenía interrelación con el entorno, es un cambio sustancial. Castillo lo define como volver a tener «libertad».

La paciente empezó a perder vista a los 13 años y el proceso fue agravándose hasta la ceguera prácticamente total -solo veía algunas luces- que sufría antes de someterse al implante. «Ha sido un cambio extraordinario que me permite tener un poco la percepción de la realidad», comenta esta mujer que, según los médicos, ha sido un ejemplo de animosidad y valentía.

El funcionamiento del dispositivo es el siguiente. En primer lugar, las imágenes del entorno son captadas y grabadas por una cámara en miniatura de alta definición colocada en el puente de unas gafas. Luego, las imágenes son procesadas por un pequeño ordenador que el paciente puede llevar en un bolso o, como hace Castillo, colgado en la cintura. Es del tamaño de un móvil. A continuación, gracias a una antena (sin cables), se envía la señal a un implante ocular que se ha colocado en la retina dañada (la operación en el ojo duró unas tres horas). Finalmente, el chip convierte las señales en pulsos de electricidad que estimulan las células todavía sanas de la retina y, a través del nervio óptico, transmiten la información al cerebro, lo que crea la sensación de patrones de luz. En resumen: el sistema sustituye la función de las células degeneradas y permite que las señales visuales atraviesen la porción dañada de la retina y así la información llegue al cerebro. «No lo olvidemos: las imágenes que vemos son siempre señales nerviosas», reitera Nadal. Todo sucede en tiempo real.

Tras varios años de estudios clínicos, el sistema, desarrollado por la empresa californiana Second Sight Medical Products, fue aprobado para su uso en Europa en el 2012 y ahora se ha autorizado para el mercado norteamericano. Además de España, se ha implantado con éxito en Italia, Gran Bretaña, Estados Unidos y Arabia Saudí, entre otros países.

PERSPECTIVAS DE FUTURO / Uno de los grandes problemas, asume el especialista de la Barraquer, es que el dispositivo cuesta unos 100.000 dólares (78.000 euros). «Indudablemente es un factor limitante, aunque estamos en contactos para ver si alguna fundación quiere implicarse», dice Nadal. Barraquer tiene una lista de espera con personas candidatas al implante. El especialista también confía en que la tecnología avance y que en un plazo relativamente corto mejore sus prestaciones y sirva incluso para otras patologías de la vista, como la degeneración macular. El sistema se ideó para tratar a pacientes con retinitis pigmentaria, una afectación de origen genético que se caracteriza por la degeneración progresiva de la retina. Se calcula que en España hay unos 20.000 afectados en todos los niveles.

Poco después del implante ocular, Castillo ya empezó a ver unos destellos. «Tengo sensaciones nuevas. He recuperado lo que significa ver la forma de una persona. Es maravilloso. Y creo que con el tiempo me voy a atrever a hacer más cosas», concluye.